T. Rex: El Depredador Absoluto

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A volverse malo Getting Bad

Built to KillDiseñado para matar

Todos los tiranosaurios estaban diseñados para matar, pero el más grande y malo de todos era el Tyrannosaurus rex. Con su inmenso tamaño, afiladas garras y dientes que podían quebrar huesos, dominaba a la competencia.

Gran mordida

El T. rex podía morder con una fuerza de alrededor de 7,800[5] libras (34,500 N): una presión equivalente al peso de tres automóviles. Ningún animal conocido puede morder con una fuerza similar.

Gran Cabeza

La principal arma del T. rex eran sus poderosas mandíbulas, que se extendían mucho más allá de sus pequeños brazos y se encargaban de todas las funciones de agarrar y matar a sus presas.

A Punta De Presión

La presión en la punta de un solo diente podía llegar a 431,000 libras por pulgada cuadrada (2,974 MPa). ¡Eso es más que cualquier animal conocido, vivo o extinto!

Brazos Pequeños

A medida que el T. rex evolucionó hasta su gigantesco tamaño, sus brazos vestigiales fueron olvidados; esto le daba una ventaja, ya que se desperdiciaba menos energía desarrollando estas estructuras prácticamente inútiles.

Zhao Chuang, cortesía de PNSO

¿Y esos brazos?

Los primeros paleontólogos en estudiar al T. rex no podían creer que unos brazos tan pequeños pertenecieran a tan inmenso animal. ¿Qué podría explicar esta aparente incongruencia?

¿Útiles en la juventud?

Curiosamente, el T. rex tenía brazos bastante largos en su juventud, al igual que los primeros tiranosaurios. Pero a medida que el resto de su cuerpo crecía hasta llegar a su inmenso tamaño adulto, sus brazos no lo hacían. Es posible que el T. rex haya usado sus brazos para atrapar presas pequeñas durante su juventud, para luego dejar de usarlos en la adultez.

Zhao Chuang, cortesía de PNSO

Otro punto de vista

Algunos científicos sostienen que los pequeños brazos podrían haber seguido siendo útiles en la adultez. Si un T. rex atrapaba un animal con las mandíbulas y lo inmovilizaba con las garras de uno de sus pies, los brazos podrían haber quedado en una posición ideal para cortar a su presa de cerca. No hay evidencia directa de este comportamiento, pero la evidencia esquelética sí revela que los brazos eran robustos y tenían un buen rango de movimiento, así como una buena musculatura.

AMNH/Craig Chesek

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